Son muchas las virtudes que rodean la figura del Letrado o Letrada joven. Detrás de esa corta experiencia hay constancia, trabajo duro, preparación, estudio, versatilidad, ilusión y vigilancia. Es una etapa diferente en la vida profesional aunque no por ello debe infravalorarse, sino todo lo contrario.

La Letrada y el Letrado joven son rigurosos con su trabajo, incluso podemos decir que podrían llegar a serlo en exceso, siempre perfeccionista. Si algo garantiza la juventud en la profesión es que el titular del asunto va a repasar cada fase del procedimiento de un modo exhaustivo, es decir, no sólo sobre el fondo del asunto sino también sobre la forma, no va a dejar ni un cabo suelto. Si tienen dudas buscarán las respuestas, se nutren de la Ley, de la Jurisprudencia, la Doctrina y buscan complementarse con la experiencia de otros compañeros y compañeras.

Por ello podemos decir que el Abogado y la Abogada joven trabajan el doble sin conocer el cansancio, sabedores de las carencias que les provocan la inexperiencia y la gran responsabilidad que el servicio a los intereses del ciudadano comporta. Trabajan más porque saben que eso forma parte de su aprendizaje y de su constante formación como letrados y que, además, serán los cimientos de su futuro profesional. Así pues el Letrado y La letrada joven se encierran en su despacho el tiempo que sea necesario para preparar su demanda, su escrito de calificación, su juicio, su asistencia, etc. hasta que sientan en sus acciones la máxima seguridad y así poder controlar cada paso.

El Abogado y la Abogada joven sienten que nunca es suficiente, siempre encuentran algo más que aportar al procedimiento, lo preparan, lo estudian, lo complementan, pero aunque crean tenerlo listo siguen buscando, estudiando, leyendo, preparando, por si encontraran algo más que añadir, algo más con qué fundamentar para defender los intereses de su cliente.

El Abogado y la Abogada joven mantienen la ilusión y la fuerza de aquel que acaba de pisar un mundo nuevo y quiere comérselo.

Tanto el Abogado como la Abogada joven creen en la Justicia e intentan, siempre desde el estudio y la prudencia, justificar sus casos en base a ese ideal, no estancándose únicamente en lo que se expone en las Normas o cayendo en el derrotismo de las oídas expresiones de otros compañeros tales como: “es que eso es así” o “esto no merece la pena intentarlo”. Porque el Abogado o Abogada joven no se conforma con salir del paso, ellos quieren más, buscan ganar y lo intentan con estudio, innovando y con trabajo, trabajo y más trabajo.

El Abogado y la Abogada joven no tienen vergüenza. Como abogados jóvenes hay algo que se aprende pronto, y es que la pregunta tonta es la que no se hace. Se tragan la vergüenza y preguntan, ya sea a compañeros de profesión, funcionarios o Jueces. Esa virtud que les acompaña desde el inicio no debería desaparecer nunca a lo largo de la carrera profesional. La experiencia puede suponer tranquilidad a la hora de preparar un caso, y que eso te haga no preguntar determinadas cosas, pero no es menos cierto que cada caso es totalmente distinto, y esa tranquilidad puede ser el mayor enemigo de tu propio asunto y de los intereses de tu cliente.

El Abogado y la Abogada joven son humildes. Se equivocan. Pero, ¿quién no lo hace? El Abogado y la Abogada joven carecen de prepotencia, entran en Sala a hacer su trabajo, un trabajo que han preparado con mimo y con esfuerzo y que están dispuestos a defender de manera correcta de acuerdo a las normas deontológicas que hemos aprendido. Normas deontológicas que a veces parecen una “declaración de intenciones” en compañeros de más edad, o incluso parece que en ocasiones las hubieran olvidado. Esa actitud suele ser apreciada por los distintos operadores jurídicos y ayuda a seguir avanzando en la carrera profesional con satisfacción, pero sobre todo es apreciada por los compañeros y compañeras que comparten asuntos contigo.

El Abogado y la Abogada joven son versátiles y están en continua y constante formación. Precisamente porque saben que tienen mucho que aprender, nutren sus lagunas con más formación y toman la iniciativa para aprender y formarse. Tienen más tiempo y lo dedican a ser el mejor en su campo de elección o en varios. Están más familiarizados con las nuevas tecnologías que hoy en día dominan el ámbito de la Justicia y marcan los cambios.

Lo que está claro es una cosa y es que, una vez te colegias y te pones la toga, ya eres Abogado, un compañero o una compañera más, y así te sientes, con ganas e ilusión, un Abogado o Abogada que solo busca el respeto de sus compañeros y compañeras, funcionarios de Justicia y clientes.

Nunca dudes que puedes y que tienes la misma calidad que cualquier otro, solo debes creer en ti y trabajar muy duro.

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